La casa de Abuela

He vuelto esta tarde a la casa los abuelos. La casa de la calle López de Fenar. Al ir acercándome sentía un nerviosismo que se iba poco a poco acrecentando. Hacía ya meses que no iba, que no habría la puerta, que no me adentraba en la penumbra de las persianas bajadas y las cortinas echadas sabiendo que ya nada era lo mismo, que todo aquello era ya pasado: hacia unos meses que abuela Catalina había muerto. ¡Cuántas veces en los años anteriores había elucubrado sobre esta idea negándome a aceptarla! La idea de que un día ella ya no estaría aquí. Ahora aquella obsesión se ha convertido en algo real. El vacio habitaba aquellas estáncias: es difícil enfrentarse a él, es complicado aceptar que al morir ella las cosas han cambiado, que todo aquello ha quedado desprovisto de alma.
Los recuerdos aprietan y el corazón duele. ¿Qué hacen allí todos aquellos retratos de comuniones y de bodas ya lejanas envueltos en marcos de plata o de madera? Fueron y ahora ya no son. Se han quedado huérfanos. Parece como si su existencia estuviera ligada a ella y ahora que ya no está se han quedado inertes, flotando en el tiempo. Como todo lo que hay allí: la vieja máquina de coser – acude a la memoria la imagen de abuela cosiendo, con las lentes colocadas en la mitad de la nariz, los pies balanceando el pedal cogiendo carrerilla y la bobina de hilo devanandose apresurada al girar sobre si misma – el viejo armario, blanco y metálico, del baño –destartalado y recio – las camas chirriantes y destartaladas con los cabeceros desconchados panelados de madera; el cristo de dali colgado en la cabecera flotando en el espacio, desplomado y poderoso; los cajones con rosarios y misales y algún que otro libro del dictador; el viejo radiocasette y los maletines con las cassetes de bailes regionales.
Al marchar volví a echar un último vistazo a la cocina y en ella apareció la imagen de abuela haciendo la comida, rodeada de humos de freir y del chisporroteo que salía de la sartén, uno de aquellos sábados en los que Elena, Jesús y yo nos reuníamos allí a comer con ella.
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