“…Y así debía de serlo, un Reino de indomable belleza, aunque como me contaba Amador, las condiciones de vida allí eran tan duras que mucha gente como él se veía abocada a abandonarlo con el riesgo de no volver a recuperarlo jamás. Muchos eran los que habían decidido marchar a las grandes ciudades o atravesar el océano; unos detrás de los otros, llamándose, volando a lo lejos como aves de paso que huyen de la pobreza y el hambre. El Reino de Sobrepeña, su Reino perdido. Así era como le gustaba a Amador recordar su pueblo cuando hablaba de él, con ese tono de melancolía que utiliza cualquier rey que ha sido despojado de su trono …”
Extraido de la carta de Hakon Haugaard a Adamina Rodríguez, Buenos Aires, 13-02-1969