Demoiselle de Avignon

Tengo las espaldas cargadas de trabajos y faenas. La crisis de fuera y la crisis de dentro. El suelo que transito es inestable y se agrieta. Camino inseguro  hacia adelante balanceandome. A menudo pienso si las cosas podrían darse la vuelta: Je ne sais pas. Nunca nada fue fácil: On verra bien. Hoy el cielo estaba bonito. Nubes blancas pasajeras sobre un fondo azul denso. Bajaba por la calle Jarama hacia la escuela de danza. Actuamos dentro de unos días en el Teatro Auditorio: Peter Pan… El País de Nunca Jamás, el lugar donde los niños no crecen. Soy fetichista: me conformo con momentos, con gestos, con emociones fragmentadas e imagenes evanescentes. Alguien me pregunta: ¿dónde está Marqués de la Valdavia? Y yo pienso… y Wendy ¿dónde está? Y el Capitán Garfio o Campanilla ¿qué fue de ellos?… Saqué los pinceles del bolso. Cogí pintura del cielo: azules, rosas, naranjas, ocres.. y los lancé sobre la pared rugosa de una de esas viejas casitas de provincianos de Alcobendas. Provincianos de los de antes de los que llegaban con las manos agrietadas y el rostro zurzido por el sol de la Mancha y Extremadura. Y surgió el boceto, las siluetas de esas cinco putas que Picasso imaginara en un burdel cubista perdido en el Carrer de Avinyó

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