en el museo de arte de alcobendas aparece fran bueno autor de teatro local reconocido por dramaturgias tales como el arte y la madre que lo pario. va delante en una visita guiada y atiende a medias las explicaciones de una guía que tiene voz estridente. fran bueno está y no está. se separa del grupo lo justo para escuchar pero para que tampoco me identifiquen con él. quiere ser libre de entender las obras pero tampoco quiere enfrentarse solo a ellas. quizás el arte y la madre que lo parió trata de esta terrible lucha interior. las obras que se exponen son de una colección privada de arte conocida como los bragales. los bragales fueron una familia de vendedores ambulantes gitanos que hicieron dinero vendiendo bragas y sujetadores por los mercadillos de los pueblos. cuando no les cabia mas oro en el cuello decidieron cambiar su manera de invertir. se fijaron en las vanguardias y empezaron a comprar arte contemporaneo creando asi una coleccion que compite con la de la tita (cervera me refiero). a la guía también la conocemos. es alumna de pintura de la upa y ya lleva un tiempo intentando terminar un cuadro de corte un tanto hiperrealista llamado people’s. dice que gracias a este trabajo de enseñar los cuadros ha logrado llegar a entenderlos mejor. hay una vigilanta que ni se inmuta. esta ocupada leyendo un libro y no le importa demasiado si sacas un tenedor y te pones a pinchar los cuadros. se aburre. seguramente preferiría un trabajo un poco más físico, no tan sedentario. las salas del museo son amplias y hay por delante espacio suficiente para caminar y fortalecer el corazón.
voy pasando cuadros y cuadros como hojas de libro mientras noto como la espalda se me va cargando poco a poco. mercedes dice que ella, cuando ve una exposición, para evitar que se le carguen los riñones encaja la pelvis. hay algún cuadro que emociona que trasmite algo. por ejemplo uno de lucio muñoz titulado «tercera señal». madera embadurnada de tierra. materiales que ya eran arte cuando el artísta los manipuló. o el de antón lamazares titulado mujer sobre cartón, arte pobre que nace de la huida. y poco más que resaltar. es una colección irregular hecha a golpe de billetero. un cuadro de canogar y una foto de hannah collins titulada «true stories» que transmite la soledad de un mundo de azoteas lleno de antenas de televisión. acabamos y caminando nos vamos a la sala de al lado. allí expone otro artista local: luis vioque. sus trabajos anteriores, editados además en libros de formato cinemascope, me habían interesado mucho en otros tiempos. pero este reportaje de las dunas de gran canaria tiene pinta de ser un encargo subvencionado porque la verdad es que las fotos cuentan muy poquito. una verdadera lástima porque un paisaje de dunas como este es por si mismo una obra de arte y a poco que hayas dormido la noche anterior se le puede sacar mucho jugo. mercedes recuerda las fotos de weston en las dunas utilizando desnudos y objetos. eso si que es otra cosa. y como el museo es amplio y la vigilancia está desatendida nos entran como ganas de hacer performance. mercedes da vueltas sobre si misma mientras voltea el bolso en el aire. y a mi me apetece tirar el dinero, lanzar billetes al aire pensando que eso es lo que han hecho con un centro artístico como este, inhóspito y vacío, que fue en su día una flamante casa de la cultura y que ahora es un páramo de cúltura pija promovida por la derecha derechizante y nuestro alcalde gilipuesa al frente. y así, desconcertado, no se me ocurre otra cosa que coger una pila enorme del boletín siete días (pasquín semanal de propaganza política en azul) y dejarla caer por el suelo. total los seguratas están en en el mostrador de la entrada haciendo la digestión y todo les importa un cojón de pato.
volvemos a casa. unos niños recien salidos de la catequesis le dan patadas a una lata mientras se olvidan del pecado y de que dios existe. y al entrar en el portal se oyen alaridos de vecinas en las escaleras. ayyyyyyyyyy! doña rafa en bata y con las gafas de escribir poemas muestar a su nieta a otra vecina que no sabe que hacer para no morirse de alegría.
