Sobre Locos y Cuerdos I

    Vivirás aquello que seas capaz de soñar

    Delia, una señora del Corral de las Arrimadas se asomaba todas las noche a la ventana de su casa y veía la pequeña ermita del pueblo sin campanas en su campanario. Aquello que para cualquiera que pasara por allí sería motivo de indiferencia, a ella la causaba un hondo desazón. Por eso se decidió a escribir, a un señor acaudalado de Astorga, infinitas cartas pidiéndole que por favor se brindara a pagar el coste de las campanas. Tras reiteradas súplicas el hombre aceptó y fue el día de la fiesta en honor a San Juan Degollado cuando por fin éstas se pudieron soltar al aire inundando el valle con su  alegría y alboroto. Y fue la madre de Delia la primera que tuvo el privilegio de subir al campanario para tocarlas.


    Scroll al inicio